octubre 06, 2010

III. De dónde vienen...

De dónde vienen los sueños?
De lejos, De más allá. Para mí, vienen de los recuerdos.
Recuerdo el día que nació mi hijo.

Estamos en un hospital del centro de la ciudad, es la madrugada del 09 de septiembre de 1998, un niño acaba de nacer, una mujer recien es madre; en el zoológico una loba muere al dar a luz, los muerciélagos están en medio de una orgía y un hombre recoge la mierda del oso polar / Ahora es 26 de septiembre de 1998, un pequeño humano le toma con toda su fueza el dedo índice a su padre y éste lo mira sonreír / 15 de junio de 1990, un pareja se besa por primera vez, él la toma de la cintura, ella lo toma de la cintura. Llueve / 09-sep-98, lejos, un hombre barre las calles mientras huele el frío del nuevo día y una mujer conduce por una calle solitaria / 02-mar-02, una mujer le cuenta al que ya es su expareja, que lo deja, que se va de la ciudad, lejos / 19-ago-00, un bebé de 2 años muere de insufuciencia pulmonar en la cuna mientras sus padres hacen el amor en la sala / 09-sep-98, más allá, una estrellas deja de tintinar cuando un viejo muere de frío en las afueras de la ciudad.

La felicidad es un acto aislado en el mundo.

octubre 03, 2010

II. Era un hombre que escribía...

Era.
Era un hombre.
Era un hombre que escribía.
Escribía en un blog que nadie visitaba, ni visita, ni visitará.
Escribe porque nadie lo lee. Si alguien lo leyera vería sus lagrimas dispersas en el texto como comas en un cuento lleno de oraciones subordinadas.
Escribe cosas banales y de su acontecer diario; no escribe un diario. Escribe ficciones diarias que comienzan con su vida y se van desenvolviendo con su imaginación. Cuando no tiene nada que escribir le da forma con palabras a sus frustaciones y sueños.
Ayer por ejemplo él soñó que dejaba de escribir y se dedicaba a otra cosa; como a ser un detective público. Cuando instaló su despacho y se compró ropa adecuada, publicó en el periódico: Si estás leyendo ésto, necesitas ayuda; si la necesitas, yo te puedo ayudar. No recibió llamada alguna y despertó a escribir su sueño en el blog.
El hombre no es viejo pero siente la muerte más cerca de lo que está el refrigerador del horno de microondas.
Detrás del refrigerador hay telarañas y un cohete de juguete que le perteneció a su hijo.
Detrás de las teclas hay manos que no han tocado las tuyas. Manos que intentan acercarse a tí através de tus ojos. Unos ojos que no olviden instantaneamente lo que leen.
Soy yo, pero mientras escribo soy el escritor que vacía toda su vida en un blog que nadie visita.
Dejemos claro que el artífice de que yo escriba es él. Ese hombre olvidado que nos es viejo y sueña cosas sin sentido para mí. Mi cuerpo es un monton de palabras dispersas en la hoja digital. Yo veo con los ojos de él.
Era un hombre, o eso parece.
Eso parece.
Parece que tiene 56 años, pero sólo tiene 32. Se siente algo cansado. Sentado yo. Cansado él. Tú leyendo ésto. Qué triada de estupidos.
Él se sienta por las noches a escribir su vida.
Cuando tenía 15 años se murió su abuelo, él no lloro. Yo a veces lloro, sobre todo cuando hace mucho frío y estoy solo en mi casa. Él se quedó parado ahí, viendo el cadaver de sus abuelo. Hubo en la velación de cuerpo presente sollozos por todos los rincones, lágrimas en el suelo,,,,,, y café para no dormir. Nadie duerme teniendo un muerto en el mismo cuarto, ni en el mismo cuento.
Si yo fuera un narrador, no dormiría si tuviera a un muerto en mi narración; la sola idea de describirlo me petrifica, posiblemente sólo diría: El hombre que parecía tener 56 años murio en su cuarto mientras escribía. Eso es todo. Me saltaría la escena de la muerte, del descubrimiento del cuerpo, del grito que su vecino daría cuando lo viera con la boca abierta, de sus traslado al hospital, de su autopsia (omisión que oscurecería más la razón de su muerte o asesinato), y de su entierro. Si yo fuera un narrador con un muerto enterrado en mis palabras, no trataría de averiguar por qué se murio mi personaje principal. Más bien narraría cómo se pasaba todas las noches antes de su muerte escribiendo en su blog que nadie visitaba.
Es triste decirlo pero a mí no me importa decir que él era un hombre porque ya está muerto.
Dicen que muerto el culpable se acabó la culpa.
Mas él no está muerto. Lo sé porque yo sigo escribiendo y si estubiera muerto yo no tendría razón de seguir aquí.
Él está en su cuarto recordando cuando tenía 15 años y fue a la velación de su abuelo. Escribe que recuerda ver los rostros desfigurados de sus parientes, sus gafas, las ropas todas del color del sol que vela el sueño de los que duermen. Un sol negro. Y escribe que ve pasar adelante de él un colibrí que se aleja rápido en dirección a la luna y se desvanece silencioso...

octubre 02, 2010

I. Ayer creí ver...

Ayer creí ver un aleph;
sólo era mi agujeta desabrochada.